Ser soltera a los 30 es ir de rebajas.

by Gloria García on 02/3/2014

Ser soltera a los 30 es ir de rebajas. ¡Sï, de rebajas!. Y lo digo porque lo pienso.

“Las rebajas tienen que ser un periodo de compra donde debe prevalecer el consumo responsable, hay que invertir en artículos que van a cubrir una necesidad de verdad y se les saque el provecho adecuado.Y es que un comprador responsable no debe dejarse cegar, sino adquirir lo que necesita realmente y a un precio aceptable”.

Leyendo esto en un periódico online, advertí que son los mismos consejos que me da mi psiquiatra para la búsqueda de pareja. En ese momento reflexioné a fondo sobre el tema: ¿dónde están los principales errores del consumidor? O en mi caso ¿de la soltera que busca pareja?

Los reclamos publicitarios son cada vez más llamativos e “irresistibles”, siempre hay unos zapatos rebajados al 50% que te motivan a ir a la tienda, pero nunca queda tu número. Lo mismo sucede a los 30. Los chicos ya son hombres, y algunos ¡qué hombres!, conocidos popularmente como los amigos gancho. El amigo gancho generalmente es idiota, tiene novia o es gay, vamos, que no te lo puedes llevar a casa pero es eficaz, consigue que te des cuenta de una nueva bandada de buitres.

Frecuentemente en los probadores nos encontramos situaciones incómodas en las que otra la chica coge lo que tú has dejado y le queda ideal. En ese momento la rabia te invade porque, estamos en rebajas y era el último de tu talla. Ya sé que lo he dejado yo, pero…, ¡jolines!, yo lo había visto primero. Existen dos opciones, asumir que no te sentaba bien o luchar por lo que tú has visto primero quitándoselo al primer descuido. La misma situación ocurre en los bares. Hablas con un pequeño buitre durante media hora, la cosa es ni fu ni fa, al final pasas y a los diez minutos lo ves con otra. Es en ese momento cuando te arrepientes…¡ ya no hay marcha atrás! ¿O sí? (Emoticono de cara de diablo).Si no te das por vencida, ahí estas atacando de nuevo, luchando por lo que era tuyo.

Las rebajas empiezan con descuentos  interesantes para los consumidores y pueden acabar incluso en reducciones del 70%, pero amigos, esto a veces no es real, todos hemos oído hablar de la publicidad engañosa. Lo mismo sucede con los chicos, la noche comienza con algún descuento interesante, pero vas esperando a ver si hay algo mejor. Esperando te pueden pasar dos cosas, que te quedes sin o que te lleves el de la reducción del 70%. ¡¡Ay amiga!! A la mañana siguiente te das cuenta que el descuento no era real…. más te vale no haber perdido el ticket (o, en el caso, no haberle dado el teléfono).

Conclusión: “no se trata de comprar por comprar, estén al 50 ó al 70 % de descuento”, ya que no es una época comercial diferente, los productos puestos a la venta deben ser de la misma temporada, con los mismos derechos y obligaciones para los consumidores. Aunque siempre acabamos picando algo… No hay que perder la esperanza. En algún outlet del mundo (o internet) habrá un bonito Louis Vuitton, que no pase de moda, que luzca radiante, que sea bueno y te acompañe para siempre. Para ello hay que buscar y tener paciencia o acabarás con un Zara-Taras.

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Ya no salgo a ligar, salgo a buscar trabajo.

by Gloria García on 01/26/2014

Llega una edad en la que tus prioridades cambian. Conforme la pregunta #quéestoyhaciendoconmivida se hace más presente, vas cambiando de hábitos sin querer-queriendo.

A los veintitantos sólo hay dos razones para salir por ahí: pillarte un ciego del quince o ligar. A no ser que tengas pareja. Entonces sales para: pillarte un ciego del quince… y ligar. Pero hacia la treintena los excesos de alcohol conllevan insoportables resacas de tres días. La experiencia me ha enseñado que nadie ha conocido al hombre de su vida en un bar desde que los guateques se convirtieron en fiestas, así que salgo principalmente para lucir modelito y tacón de agujaSin embargo, hay cosas que nunca cambiaran: ¡los hombres!.  A sus 30, 40, 50, 60… siguen saliendo para emborracharse y pillar cacho.

Por lo que quieras o no, la manada de buitres está siempre al acecho. Y a los veintitantos no tienes ningún reparo en mandar a uno por uno a tomar viento, pero a los 30… aguantas lo que te echen “porque nunca se sabe”. Lo que sí cambian son las formas. El ¿quieres-rollo-con-mi-amiga? pasa por el ¿qué-hace-una-chica-como-tú-en-un-lugar-cómo-este? hasta evolucionar al sofisticado ¿estudias-o-trabajas?, que en los tiempos que corren se ha transformado en ¿estudias-o-buscas-trabajo?. Y es que últimamente parece que el trabajo es el único tema de conversación: o no lo tienes o lo odias. Y como somos quejicas por naturaleza acabas contándole tus frustraciones y sueños laborales a cualquiera.

A lo largo de la noche encuentras a uno que trabaja en tu sector, o que tiene un amigo en recursos humanos que puede enchufarte, o que su padre tiene una empresa que está buscando a alguien con tu perfil… Le mandas tu currículo ipso facto por e-mail, le invitas a una copa, flirteas educadamente y no dejas de sonreír hasta que llegas a casa. Y te pasas la semana pegada al móvil cual colegiala enamorada esperando una entrevista de trabajo.

El viernes te llega un Whatsapp de remitente desconocido y te pones roja de repente, das un salto de alegría, pegas un gritito de emoción, sonríes de oreja a oreja y cuando ya tienes el outfit de trabajo preparado en tu cabeza empiezas a leer: “ola wapa,qtal.estao pensando n ti to la semna. T ac 1birra?” Sospechas, pero contestas: “hola, qué tal? Vale, podemos tomar algo. Oye, sabes algo del trabajo que me dijiste? bss”  Tras un lapso de tiempo interminable recibes un: “si qiers ablamos del tema n mi casa, wapetona.” » Borrar mensaje. Bloquear contacto. Eliminar de la lista.

Parece ser que tampoco puedes encontrar el trabajo de tu vida en un bar. Llamadme romántica, pero yo no pierdo la ilusión. Estoy convencida de que algún día conoceré a alguien. Alguien que me hará una entrevista de trabajo y me ofrecerá un contrato indefinido con un sueldo superior a 600 euros. Así que voy a seguir hablando con todo el que se acerque. Porque nunca se sabe… Aunque la semana que viene a lo mejor salgo por la zona gay.

Estudias o trabajas

Los amigos de siempre.

by Gloria García on 01/19/2014

Sin comerlo ni beberlo ha pasado más de medio mes desde que comenzó el año. Y las aventuras que me van sucediendo se acumulan para contarlas en un simple post de cuatro párrafos.
Sin embargo, el post de hoy lo quiero dedicar a los amigos de siempre. Y es que este fin de semana uno de mis amigos de siempre ha cumplido 30 años.

Uno de mis amigos pacto, es decir, amigo con el que hice un pacto a los 16 años que decía que si a los 30 estábamos solteros nos casábamos. ¡¡¡Madre mía!!! Esa edad ha llegado en un abrir y cerrar de ojos.

Y no, no me voy a casar con él. Por fortuna, él goza de una vida en pareja envidiable: hace 7 años encontró una chica maravillosa con la que sigue compartiendo su proyecto de vida. No se han casado, pero han firmado una hipoteca, y eso hoy en día implica más compromiso que cualquier bodorrio.
La amistad con los que denomino amigos de siempre surgió en el instituto y se consolidaba año tras año a través de viajes, aventuras, anécdotas, horas de biblioteca y en más de una borrachera. El grupo inicial de los amigos de siempre en 15 años se ha ido multiplicando y ahora forman parte de él los novios y novias. Y es que a esta edad todos tienen pareja consolidada (en muchos casos ya marido o mujer), todos tienen un trabajo estable, todos tienen un sueldo digno, todos se han independizado, todos…, todos…,¡¡¡todos menos yo!!! Inconscientemente esta situación ha generado mi grupo de amigos solteros con los que compartir viajes, anécdotas y borracheras ¡como hacía con los amigos de siempre a los 16 años! Y es que, sinceramente, ningún grupo de amigos solteros son amistades que tengan más de 10 años de antigüedad.

Cuando los amigos de siempre queremos quedar se generan interminables cadenas de emails para ponernos de acuerdo en un día, las contestaciones de los emails han pasado, casi sin darme cuenta, de la primera persona del singular a la primera del plural.“Nosotros vamos”, “Nosotros no podemos”, “Nosotros…”. Se confirma que nos hemos hecho mayores cuando en la mesa nos sentamos por género, es decir, los chicos con los chicos y las chicas con las chicas. Las conversaciones ya no son de estudios, profesores, borracheras, culos, tetas, penes, sexo… ahora son de trabajo, salarios, de pisos, hipotecas, cortinas, decoración, embarazos, niños, colegios, carritos de bebe, cocina rápida y sana, supermercados baratos, vinos caros… Después de la cena ya no vamos a pillar litros de calimotxo, ahora vamos a degustar un maravilloso combinado en un lugar tranquilo donde se pueda hablar. Y después del cóctel a casa, que los domingos son días de cocinar para la semana, hacer limpieza general del hogar e ir a comer a casa de los suegros… o eso me dicen. Es en ese momento en el que hago la llamada del ahorro y me voy con mi grupo de amigos de solteros a beber gin-tonics al Jane-Birkin hasta que lo cierren, porque mi única obligación de domingo es escribir un post a las 10 de la noche.

Cumplir 30 años en el 2014 es lo que realmente me ha inspirado a escribir este blog, ¡por eso hoy quería dedicar esta entrada al primer amigo en hacer los 30 este año!

Cena con amigos

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La cuesta de Enero; de vuelta a la rutinica.

by Gloria García on 01/12/2014

Tras las navidades vuelve la rutina. Es maravilloso el reencuentro con tus compañeros de trabajo. Quince días sin verlos es la excusa perfecta para que el café de la mañana se alargue más de la cuenta. Por supuesto eso lleva consigo consecuencias: una gran bronca del jefe (que si no es por el café, será por otra cosa, así que da igual) y un “¡me muero de la envidia!”. Todos hablan de lo hecho en vacaciones: unos días en Madrid con los amigos tomando una “relaxing cup of café con leche in the Plaza Mayor”, viajes de amor a Londres, Berlín y París, e incluso pedidas de matrimonio frente a Tiffany´s en Nueva York. Y llega tu turno y qué haces. Pues finges que te llaman al móvil y te vas cabizbaja pensando en cómo adornar las vacaciones en casa de la familia, en un pueblecico de la provincia de Zaragoza, donde el viaje más excitante que has hecho ha sido la visita al Ecce Homo de Borja. Y eso que mola muchísimo.

Afortunadamente surge otro tema de conversación que te rescata: ¡han comenzado las REBAJAS! Y es que todos nos volvemos locos con las rebajas (locas por las compras y enloquecidos por su humillante papel, ver @miserable_men). La misma noche del 6 al 7 de enero las webs de las principales marcas de ropa (vamos, ZARA) se colapsan y solo unas pocas afortunadas son capaces de comprar los botines por los que llevo suspirando dos meses. A pesar de la comodidad de internet, el mismo 7 de enero, la gente se sigue amontonando en la puerta de El Corte Inglés esperando ser el primero en llevarse “algo bueno, bonito y barato”. Eso dicen. Yo creo que en realidad es para salir en la tele llegando al punto de vestirse de colores estridentes para poder localizarse como si de los sanfermines se tratase. Aunque todavía cuelgan papás nöeles en algunos balcones, los adornos navideños de los escaparates se transforman en inmensos carteles rojos (seguro que tiene alguna explicación) y comienzan a invadirnos las palabras rebajas, sales, rebaixes, descontos, beherapenak (qué igual nos están diciendo “tonto el que lo lea”). Los compañeros de trabajo te muestran lo que han comprado o quieren comprar, las principales revistas te hacen listas interminables de los imprescindibles (que no cabrían ni en el armario de Carrie Bradshow), los nuevos TrendingTopics de Twitter e Instagram hablan de las rebajas. ¡y yo sólo puedo pensar en esos preciosos botines que nunca calzaré! He esperado dos meses, ¡dos meses!, a que los rebajasen y ¿para qué? Para verlos 3 euros más baratos y que encima ya no quede mi número. ¡Maldita sea! ¡Esto en primavera no me pasa! Volvemos al autoengaño…
Al menos he conseguido una estupenda perfecto (vamos, una cazadora de cuero de toda la vida) 30 euros más barata. Señores, esto sí que es una buena compra. ¡Qué orgullosa estoy! Orgullo que me dura unas horas, hasta que mi madre dice: “es igual que la que te compraste hace dos años y tienes sin estrenar”. Y es verdad, pero tras una noche de meditación sigo pensando que es una gran compra. ¿Otro autoengaño más? Posiblemente, pero es que como buena mujer, adoro la ropa, me encanta, me chifla, me fascina, me gusta estar al día de todo y vestirme siempre a la última. Sigo a todo tipo de bloggers, me gasto demasiado dinero en ropa y ningún mes falta en mi casa el Vogue y el Cuore Stilo. Desventajas de ser mujer en el siglo XXI. O ventajas, ¡qué diablos!

Mañana me levantaré de la cama entusiasmada por estrenar cazadora. Aunque viendo la previsión del tiempo para Zaragoza (vivimos en una nube) creo que tendré que ponerme las Ugg y el abrigo michelín….Pero la cazadora me la quedo.

Visita al Ecce Homo de Borja. Diciembre 2013.

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Síndrome vacacional navideño.

by Gloria García on 01/7/2014

A menudo hablamos del síndrome postvacacional, pero todavía no he oído a nadie hablar del síndrome vacacional navideño; pero existir existe.

Mal de muchos, consuelo de todos. ¿En serio es necesaria toda esta parafernalia? No bastaba con las cenas y comidas familiares, donde esa gente que comparte tus genes pero a la que sólo ves una o dos veces al año, te escruta y juzga y mira condescendientemente. Conforme pasan los años te vas viendo obligado a celebrar más y más reuniones navideñas: de excompañeros de colegio, excompañeros de instituto, excompañeros de universidad, de máster, de idiomas, de prácticas, del trabajo uno, del trabajo dos, del trabajo tres… pero ¿por qué? Vale que tus genes te generen ciertas obligaciones, pero porqué hay que reunirse por Navidad con gente con la que ya no compartes absolutamente nada en tu vida, más que una cena al año. Si sólo compartes una cena al año, es por algo: porque no quieres compartir ni una cena al año. Y todos los años te repites que este año no vas a ir… pero ains, entre todas esas expersonas hay alguna que conservaste como amigo, y tus amigos, claro, te hacen chantaje emocional para que vayas. Y vas. Y te pones tan guapa como puedes, te gastas una pasta que no tienes en pelu y mani-pedi y en zapatos nuevos. Porque ya que vas, vas con zapatos nuevos, que siempre es un buen motivo para ir a cualquier sitio. Así que allí estás, viendo año tras año como los peores de la clase son exitosos emprendedores o se hicieron ricos con el ladrillo, como las putitas del insti se casaron y van por el tercer hijo y los de tu promoción se fueron al extranjero e hicieron su vida allí y no quieren saber de España más que una vez al año, por Navidad. Y la temida pregunta llega: “bueno, ¿y tú qué tal?” Y tú… pues mientes. “Estoy fenomenal, soy muy feliz” (lloras todas las noches frente al televisor porque no tienes nada mejor que hacer). ”Me estoy centrando en conocerme a mí misma” (no tienes novio desde hace ni te acuerdas). “Tengo un trabajo con muchas expectativas” (enlazas práctica tras práctica porque nadie te contrata; ni a ti ni a nadie, vaya). “Estoy estudiando un idioma nuevo por afición” (ya no sabes qué estudiar para ampliar tus perspectivas laborales). “Estoy momentáneamente en casa de mis padres porque mi madre se siente muy sola” (no tienes dinero para abandonar el nido y parece que nunca lo tendrás). “No, si a mí, no me gustan los niños” (¡ya!).

Y como si no fuera bastante con las cenitas… cada Navidad trae consigo LA NOCHEVIEJA. Seamos honestos, no hay peor noche del año que la última. Tienes que salir por obligación para no convertirte en el penoso bicho raro que no sale y está llena de expectativas que nunca se cumplen. Todo el mundo sale con la ilusión del primer polvo del año (tengas o no pareja) y la verdad es que nadie folla en Nochevieja. Si alguien te dice que lo hizo, no lo dudes, miente. Todo el mundo está tan seguro de que va a pillar que no pilla. Va pasando la noche, vas mirando a la gente y esperando que llegue algo mejor… hasta que están a punto de cerrar el bar y te conformas con lo que queda y vas en plan desesperado, lanzando balas al aire a ver si cae algún buitre. Y aunque tengas la “suerte” de que eso pase, estáis los dos tan borrachos que es imposible que eso llegue a buen puerto porque… bueno, ya sabemos todos por qué. Y después de la peor noche del año llega ¡el peor día del año! Te sientes mal contigo misma y tienes una resaca importante y una comida familiar a la que vas con dos horas de sueño  y oliendo a tigre. Y el barullo de primos  te pregunta: “¿qué tal anoche?” con voz picaresca, los tíos te dicen: “menuda cara traes todos los años, pero se te ve muy sana (que quiere decir más gorda)” y los pequeños  sobrinos  te miran curiosos y exclaman: “que raro hueles, tía… ¿juegas conmigo?” Quieres morir y el año no ha hecho más que empezar. Todo mejora cuando te llaman a la mesa para comer y empiezas a salivar cual animal salvaje tras período de hibernación. “Por un día más…., total después de Reyes ¡me pongo a régimen!” Otra mentira navideña. El autoengaño es lo que practico desde que se empezó  a ver  el rojo y el rosa en pasarela ¡juntos! Este síndrome vacacional también se refleja  en el buzón, en el Facebook, en los programas de radio e incluso en las app recomendadas. Y es que después de comer y beber sin sentido ni control durante quince días en la conocida #operaciónpolvorón, la publicidad de gimnasios,  programas de entrenamiento, dietas desintoxicantes, productos contra el colesterol y consejos para una vida sana pasan a convivir contigo durante las primeras semanas del año ¡porque saben que te has puesto  como una foca! La conocida curva de la felicidad no es más que la curva de la ansiedad. Supongo que es otro eufemismo más del lenguaje.  Y así empiezan los propósitos de año nuevo (u objetivos  hashtag, como dice mi psiquiatra): regímenes, deporte, vida sana, montaña, playa, ilusiones, libros a leer, cursos… y ZAS!!! Te das cuenta de cómo pasa el tiempo… Este año cumplo 30. Comienza el año y me pongo a pensar, qué he hecho en mis ratos libres durante el 2013. Hay pocos viajes, poco deporte, pocos libros, mucha ropa, mucha fiesta, y demasiadas pantallas de Candy Crash! Pero se acabó. Este año va a ser diferente. Este año va a ser una mierda, pero al menos, voy a contarlo.

 

 

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