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Soltera en San Valentín.

02/9/2014

Ya estamos. Ya es febrero. Lejos quedan ya los propósitos de año nuevo, las buenas intenciones y las esperanzas de que el año nuevo sea mejor que el anterior. Ahora es tiempo de desesperanza y desesperación. Llega San Valentín.

Me da igual que el Valentín ese fuese un santo… yo a este tío le tengo mucha manía. ¡Qué digo manía! Le tengo un odio inmenso, infinito, ilimitado, colosal, exorbitante. Ya sé que el pobre no tiene la culpa de que la sociedad haya convertido su día (y las semanas previas) en un festín rojo y rosa de flores, Cupidos y corazones everywhere, pero alguien tiene que ser la cabeza de turco de mi desgracia.

Y es que San Valentín es la pesadilla de todo soltero. Los escaparates de las tiendas, los anuncios de televisión, los carteles de los bares, las cuñas de radio… todo, absolutamente todo te recuerda que estás solo. Solo. En San Valentín. Otra vez. Rodeado de corazones rosas. Ganas de matar aumentando…

Los días previos a San Valentín son la mejor época para ligar. Esas noches son las mujeres las que se convierten en buitres y atacan a todo lo que se mueve con pasión y sin compasión. Y sin amor propio. Cualquier cosa para que alguien te bese el día de San Valentín. Y los hombres se dejan hacer. Yo lo veo claro: San Valentín lo inventó un hombre que nunca se comía una rosca para poder follar al menos un día al año.

Si tienes pareja el panorama tampoco es mejor. San Valentín es peor que Nochevieja. No sólo tienes que tener un plan obligatoriamente y gastarte una pasta; encima tienes que impresionar a tu pareja. Acabas de dejarte todo tu dinero y talento en el regalo de Navidad… y ahora, ¿qué? Menos mal que aún queda algo de rebajas…

Los hombres no están hechos para recibir regalos, ni las mujeres para hacerlos. Los regalos se inventaron para comprar a las mujeres. El trinomio joyas, flores y bombones ha creado relaciones, salvado matrimonios, conseguido amantes y perdonado infidelidades desde el comienzo de los tiempos. Bueno, quizás los hombres de las cavernas utilizasen mamuts. Pero ya no somos las únicas en recibir regalos, ya no te retiran la silla para que te sientes, ya no puedes salir de casa sin billetera y ya no te sujetan la puerta ni para mirarte el culo cuando pasas delante. Vale, no es un alto precio a pagar por la igualdad de la mujer, pero… jolín, ¡qué difícil es hacerle un regalo a un hombre!

Si llega el día de San Valentín y no tienes pareja estable ni has conseguido una pasajera… sólo puedes hacer una cosa: emborracharte con el resto de tus amigos solteros y reírte de las acarameladas parejitas estúpidas que cayeron en el truco capitalista de los corazones, las flores y el rosa. Mucho mejor caer en el truco de la embriaguez alcohólica, ¡dónde va a parar! ¡Viva los mecanismos de defensa!

Yo, este año voy a hacer eso; que además cae en viernes y no hay excusa para no hacerlo. Y en un futuro con pareja, le regalaré flores y bombones a mi novio, que la igualdad debería ser para todo. Este año San Valentín lo pasaré con mi mejor amante, que nunca me pide regalos, nunca me defrauda y siempre me hace feliz: Mi querido amigo José Cuervo.

San Valentín

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Ser soltera a los 30 es ir de rebajas.

02/3/2014

Ser soltera a los 30 es ir de rebajas. ¡Sï, de rebajas!. Y lo digo porque lo pienso.

“Las rebajas tienen que ser un periodo de compra donde debe prevalecer el consumo responsable, hay que invertir en artículos que van a cubrir una necesidad de verdad y se les saque el provecho adecuado.Y es que un comprador responsable no debe dejarse cegar, sino adquirir lo que necesita realmente y a un precio aceptable”.

Leyendo esto en un periódico online, advertí que son los mismos consejos que me da mi psiquiatra para la búsqueda de pareja. En ese momento reflexioné a fondo sobre el tema: ¿dónde están los principales errores del consumidor? O en mi caso ¿de la soltera que busca pareja?

Los reclamos publicitarios son cada vez más llamativos e “irresistibles”, siempre hay unos zapatos rebajados al 50% que te motivan a ir a la tienda, pero nunca queda tu número. Lo mismo sucede a los 30. Los chicos ya son hombres, y algunos ¡qué hombres!, conocidos popularmente como los amigos gancho. El amigo gancho generalmente es idiota, tiene novia o es gay, vamos, que no te lo puedes llevar a casa pero es eficaz, consigue que te des cuenta de una nueva bandada de buitres.

Frecuentemente en los probadores nos encontramos situaciones incómodas en las que otra la chica coge lo que tú has dejado y le queda ideal. En ese momento la rabia te invade porque, estamos en rebajas y era el último de tu talla. Ya sé que lo he dejado yo, pero…, ¡jolines!, yo lo había visto primero. Existen dos opciones, asumir que no te sentaba bien o luchar por lo que tú has visto primero quitándoselo al primer descuido. La misma situación ocurre en los bares. Hablas con un pequeño buitre durante media hora, la cosa es ni fu ni fa, al final pasas y a los diez minutos lo ves con otra. Es en ese momento cuando te arrepientes…¡ ya no hay marcha atrás! ¿O sí? (Emoticono de cara de diablo).Si no te das por vencida, ahí estas atacando de nuevo, luchando por lo que era tuyo.

Las rebajas empiezan con descuentos  interesantes para los consumidores y pueden acabar incluso en reducciones del 70%, pero amigos, esto a veces no es real, todos hemos oído hablar de la publicidad engañosa. Lo mismo sucede con los chicos, la noche comienza con algún descuento interesante, pero vas esperando a ver si hay algo mejor. Esperando te pueden pasar dos cosas, que te quedes sin o que te lleves el de la reducción del 70%. ¡¡Ay amiga!! A la mañana siguiente te das cuenta que el descuento no era real…. más te vale no haber perdido el ticket (o, en el caso, no haberle dado el teléfono).

Conclusión: “no se trata de comprar por comprar, estén al 50 ó al 70 % de descuento”, ya que no es una época comercial diferente, los productos puestos a la venta deben ser de la misma temporada, con los mismos derechos y obligaciones para los consumidores. Aunque siempre acabamos picando algo… No hay que perder la esperanza. En algún outlet del mundo (o internet) habrá un bonito Louis Vuitton, que no pase de moda, que luzca radiante, que sea bueno y te acompañe para siempre. Para ello hay que buscar y tener paciencia o acabarás con un Zara-Taras.

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Ya no salgo a ligar, salgo a buscar trabajo.

01/26/2014

Llega una edad en la que tus prioridades cambian. Conforme la pregunta #quéestoyhaciendoconmivida se hace más presente, vas cambiando de hábitos sin querer-queriendo.

A los veintitantos sólo hay dos razones para salir por ahí: pillarte un ciego del quince o ligar. A no ser que tengas pareja. Entonces sales para: pillarte un ciego del quince… y ligar. Pero hacia la treintena los excesos de alcohol conllevan insoportables resacas de tres días. La experiencia me ha enseñado que nadie ha conocido al hombre de su vida en un bar desde que los guateques se convirtieron en fiestas, así que salgo principalmente para lucir modelito y tacón de agujaSin embargo, hay cosas que nunca cambiaran: ¡los hombres!.  A sus 30, 40, 50, 60… siguen saliendo para emborracharse y pillar cacho.

Por lo que quieras o no, la manada de buitres está siempre al acecho. Y a los veintitantos no tienes ningún reparo en mandar a uno por uno a tomar viento, pero a los 30… aguantas lo que te echen “porque nunca se sabe”. Lo que sí cambian son las formas. El ¿quieres-rollo-con-mi-amiga? pasa por el ¿qué-hace-una-chica-como-tú-en-un-lugar-cómo-este? hasta evolucionar al sofisticado ¿estudias-o-trabajas?, que en los tiempos que corren se ha transformado en ¿estudias-o-buscas-trabajo?. Y es que últimamente parece que el trabajo es el único tema de conversación: o no lo tienes o lo odias. Y como somos quejicas por naturaleza acabas contándole tus frustraciones y sueños laborales a cualquiera.

A lo largo de la noche encuentras a uno que trabaja en tu sector, o que tiene un amigo en recursos humanos que puede enchufarte, o que su padre tiene una empresa que está buscando a alguien con tu perfil… Le mandas tu currículo ipso facto por e-mail, le invitas a una copa, flirteas educadamente y no dejas de sonreír hasta que llegas a casa. Y te pasas la semana pegada al móvil cual colegiala enamorada esperando una entrevista de trabajo.

El viernes te llega un Whatsapp de remitente desconocido y te pones roja de repente, das un salto de alegría, pegas un gritito de emoción, sonríes de oreja a oreja y cuando ya tienes el outfit de trabajo preparado en tu cabeza empiezas a leer: “ola wapa,qtal.estao pensando n ti to la semna. T ac 1birra?” Sospechas, pero contestas: “hola, qué tal? Vale, podemos tomar algo. Oye, sabes algo del trabajo que me dijiste? bss”  Tras un lapso de tiempo interminable recibes un: “si qiers ablamos del tema n mi casa, wapetona.” » Borrar mensaje. Bloquear contacto. Eliminar de la lista.

Parece ser que tampoco puedes encontrar el trabajo de tu vida en un bar. Llamadme romántica, pero yo no pierdo la ilusión. Estoy convencida de que algún día conoceré a alguien. Alguien que me hará una entrevista de trabajo y me ofrecerá un contrato indefinido con un sueldo superior a 600 euros. Así que voy a seguir hablando con todo el que se acerque. Porque nunca se sabe… Aunque la semana que viene a lo mejor salgo por la zona gay.

Estudias o trabajas

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Síndrome vacacional navideño.

01/7/2014

A menudo hablamos del síndrome postvacacional, pero todavía no he oído a nadie hablar del síndrome vacacional navideño; pero existir existe.

Mal de muchos, consuelo de todos. ¿En serio es necesaria toda esta parafernalia? No bastaba con las cenas y comidas familiares, donde esa gente que comparte tus genes pero a la que sólo ves una o dos veces al año, te escruta y juzga y mira condescendientemente. Conforme pasan los años te vas viendo obligado a celebrar más y más reuniones navideñas: de excompañeros de colegio, excompañeros de instituto, excompañeros de universidad, de máster, de idiomas, de prácticas, del trabajo uno, del trabajo dos, del trabajo tres… pero ¿por qué? Vale que tus genes te generen ciertas obligaciones, pero porqué hay que reunirse por Navidad con gente con la que ya no compartes absolutamente nada en tu vida, más que una cena al año. Si sólo compartes una cena al año, es por algo: porque no quieres compartir ni una cena al año. Y todos los años te repites que este año no vas a ir… pero ains, entre todas esas expersonas hay alguna que conservaste como amigo, y tus amigos, claro, te hacen chantaje emocional para que vayas. Y vas. Y te pones tan guapa como puedes, te gastas una pasta que no tienes en pelu y mani-pedi y en zapatos nuevos. Porque ya que vas, vas con zapatos nuevos, que siempre es un buen motivo para ir a cualquier sitio. Así que allí estás, viendo año tras año como los peores de la clase son exitosos emprendedores o se hicieron ricos con el ladrillo, como las putitas del insti se casaron y van por el tercer hijo y los de tu promoción se fueron al extranjero e hicieron su vida allí y no quieren saber de España más que una vez al año, por Navidad. Y la temida pregunta llega: “bueno, ¿y tú qué tal?” Y tú… pues mientes. “Estoy fenomenal, soy muy feliz” (lloras todas las noches frente al televisor porque no tienes nada mejor que hacer). ”Me estoy centrando en conocerme a mí misma” (no tienes novio desde hace ni te acuerdas). “Tengo un trabajo con muchas expectativas” (enlazas práctica tras práctica porque nadie te contrata; ni a ti ni a nadie, vaya). “Estoy estudiando un idioma nuevo por afición” (ya no sabes qué estudiar para ampliar tus perspectivas laborales). “Estoy momentáneamente en casa de mis padres porque mi madre se siente muy sola” (no tienes dinero para abandonar el nido y parece que nunca lo tendrás). “No, si a mí, no me gustan los niños” (¡ya!).

Y como si no fuera bastante con las cenitas… cada Navidad trae consigo LA NOCHEVIEJA. Seamos honestos, no hay peor noche del año que la última. Tienes que salir por obligación para no convertirte en el penoso bicho raro que no sale y está llena de expectativas que nunca se cumplen. Todo el mundo sale con la ilusión del primer polvo del año (tengas o no pareja) y la verdad es que nadie folla en Nochevieja. Si alguien te dice que lo hizo, no lo dudes, miente. Todo el mundo está tan seguro de que va a pillar que no pilla. Va pasando la noche, vas mirando a la gente y esperando que llegue algo mejor… hasta que están a punto de cerrar el bar y te conformas con lo que queda y vas en plan desesperado, lanzando balas al aire a ver si cae algún buitre. Y aunque tengas la “suerte” de que eso pase, estáis los dos tan borrachos que es imposible que eso llegue a buen puerto porque… bueno, ya sabemos todos por qué. Y después de la peor noche del año llega ¡el peor día del año! Te sientes mal contigo misma y tienes una resaca importante y una comida familiar a la que vas con dos horas de sueño  y oliendo a tigre. Y el barullo de primos  te pregunta: “¿qué tal anoche?” con voz picaresca, los tíos te dicen: “menuda cara traes todos los años, pero se te ve muy sana (que quiere decir más gorda)” y los pequeños  sobrinos  te miran curiosos y exclaman: “que raro hueles, tía… ¿juegas conmigo?” Quieres morir y el año no ha hecho más que empezar. Todo mejora cuando te llaman a la mesa para comer y empiezas a salivar cual animal salvaje tras período de hibernación. “Por un día más…., total después de Reyes ¡me pongo a régimen!” Otra mentira navideña. El autoengaño es lo que practico desde que se empezó  a ver  el rojo y el rosa en pasarela ¡juntos! Este síndrome vacacional también se refleja  en el buzón, en el Facebook, en los programas de radio e incluso en las app recomendadas. Y es que después de comer y beber sin sentido ni control durante quince días en la conocida #operaciónpolvorón, la publicidad de gimnasios,  programas de entrenamiento, dietas desintoxicantes, productos contra el colesterol y consejos para una vida sana pasan a convivir contigo durante las primeras semanas del año ¡porque saben que te has puesto  como una foca! La conocida curva de la felicidad no es más que la curva de la ansiedad. Supongo que es otro eufemismo más del lenguaje.  Y así empiezan los propósitos de año nuevo (u objetivos  hashtag, como dice mi psiquiatra): regímenes, deporte, vida sana, montaña, playa, ilusiones, libros a leer, cursos… y ZAS!!! Te das cuenta de cómo pasa el tiempo… Este año cumplo 30. Comienza el año y me pongo a pensar, qué he hecho en mis ratos libres durante el 2013. Hay pocos viajes, poco deporte, pocos libros, mucha ropa, mucha fiesta, y demasiadas pantallas de Candy Crash! Pero se acabó. Este año va a ser diferente. Este año va a ser una mierda, pero al menos, voy a contarlo.

 

 

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