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ESOS HOMBRES QUE…acampan en tu casa a sus anchas.

12/9/2014

Esos hombres que...acampan en tu casa. No me pidas peras, soy un olmo.

Ya me había pasado antes, en el Erasmus,esto de los hombres que acampan en tu casa y no daba crédito. Pero dado que a una amiga le pasó algo similar, lo achaqué al carácter alemán. Y es que cualquiera que haya tenido alguna aventurilla con el género masculino  teutón, sabe de lo que hablo; podríamos decir que son unos románticos empedernidos, el último resquicio de caballeros de armadura de la humanidad. Pero no, lo que pasa es que esos hombres son MUY RAROS.

Conocí a un chico en una discoteca, bebimos, nos reímos, nos besamos, nos dimos los móviles y nos despedimos hasta otro día. Yo volví unos días a mi ciudad, y a la vuelta como le prometí, le llamé para quedar. Vale que el chico viviera en el extrarradio, pero no me parece excusa suficiente para que, en una primera cita, se plante en mi casa  con una bolsa de deporte y me diga que si se puede dar una ducha, que acaba de salir del trabajo. Esto…sí, claro. Después de una cita bastante mediocre, en la que tuve que adoptar la estrategia de “beber para hacer más interesantes a los demás”, no me costó mucho convencerle de que estaba muy cansada, así que de sexo, cero patatero. Lo que me costó fue dormir algo con ese hombre abrazándome como si fuese el amor de su vida. Al día siguiente, el chico había hecho miles de planes: que si desayuno, que si restaurante, que si compras… Necesité de la ayuda de un compatriota recién aterrizado  en el país (gracias, Dani) y de la excusa de “en esta cama no cabemos los tres” para que el muchacho y su bolsa de deporte desaparecieran de mi casa. Para siempre. Aunque a los días me escribió una carta de amor. Sí, sí. Una carta de amor. Alemanes… Unas semanas después, mi amiga, que me había dicho” estas cosas sólo te pasan a ti”, se llevó a casa a un chico de la discoteca, clavadito a Johnny Depp. Al día siguiente, por la noche, recibí un mensaje suyo: “Glory, no puedo sacar a este tío de casa. ¿Cómo lo hiciste?”Estas cosas no sólo me pasan a mí…

Como decía antes, pensaba que esto era cosa de alemanes…Pero la crisis,…¡ay, la crisis! Cada vez oigo más historias similares, de amigas a las que les pasa, y amigos que lo hacen, no os penséis.Recuerdo aquellos tiempos en que cuando tenías una noche loca, el chico en cuestión desaparecía concluída la faena, o preguntaba educadamente si podía quedarse a dormir y se iba por la mañana, sin desayunar y sin ducharse. Ahora si alguien hace eso es porque tiene una novia esperándole en casa. De lo contrario, se duerme sin preguntar, se levanta a las mil, por mucho ruido que hagas tú, se come tu desayuno o comida se fuma tu tabaco porque a él se le acabó anoche y si puede se echa una siesta. Alguno hay incluso, que si tienes que salir, te pregunta si puede esperarte hasta que vuelvas. ¿PERDONA? Que nos conocimos anoche.De verdad que creo que nos estamos volviendo todos locos.

Y pensaréis: “ay, Gloria, cómo eres. Con lo bonito que es el polvo mañanero y desayunar acompañada.” Pero no hablo de eso, que cuando hay química está muy bien. El problema es que la química nocturna suele desaparecer por la mañana y eso se nota. Y él también lo nota. Y aún así no se va de tu casa hasta que no se lo pides. Eso, amigos míos, no es un romántico, es un gorrón. Yo hace tiempo que adopté la política de “te importa irte ya, es que me gusta dormir sola”; porque más vale prevenir que curar.Y es que a veces no sabes si te llevas a casa a un hipster o a un indigente.

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