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La mujer trabajadora.

03/9/2014

Aún a riesgo de que me critiquen, me insulten y me tiren tomates por la calle, voy a decirlo: esto de la igualdad, se nos está yendo de las manos, señoras. Que no se me malinterprete, yo defenderé la igualdad de derechos entre hombres y mujeres hasta la muerte. Lo que pasa es que me da la sensación de que nos han engañado. La desnaturalización de los sentimientos a cambio de la independencia económica. 

En cuántas entrevistas de trabajo hemos dicho eso de “mis defectos son que soy  perfeccionista y que  antepongo mi vida profesional a la personal”, y pensado ” ¡ostras! , ¡esta última es verdad!” Nos vendieron la moto de que para ser felices teníamos que estudiar una carrera y ser mujeres de provecho….Y aquí estoy (y como yo muchas más), con una licenciatura, un máster y cuatro idiomas, de becaria precaria a jornada partida viviendo con mis padres y sin hombro masculino donde llorar. Que solo me falta tener siete gatos, vaya. Pero no te quejes, que estás haciendo lo que te gusta. ¡Oiga usted, yo me quejo de lo que me da la gana!

Y es que en esta lucha por la igualdad, hemos ganado mucho, pero hemos perdido demasiado poco. No hemos perdido la obligación de lucir bonitas, por ejemplo. Porque un tío se levanta a las 8, se pone un pantalón y una camisa y a las 9 está en el trabajo sin problemas, pero una mujer…se levanta, se ducha, se seca el pelo, se depila, se maquilla, se pinta las uñas, se pone las medias, los tacones y encima tiene que aguantar al idiota de turno que le grita que no sabe conducir.  Y al mediodía se come una ensalada enlatada y a hacer sentadillas al gimnasio. Que como lleves más de la 42 no te contrata nadie. Diréis que exagero…pero a mí me obligan a ir maquillada a trabajar. Y a mi compañero no. Aunque me gustaría verlo. Chicas, nos quedamos cortas quemando sujetadores. Hay que empezar a quemar cosméticos.

Tampoco hemos perdido la obligación de no ser unas solteronas. Maldita palabra. Tenemos que tener una carrera profesional, ser guapas, tener marido e hijos. De lo contrario…algo va mal. Y ojito no te divorcies, que se multiplica el trabajo. Yo voy a pasar de lo de los gatos, por si acaso.

Tampoco hemos perdido la obligación de ser tontas. Sí, sí, eso he dicho. Porque hay muy pocos hombres que compartirían su vida con una mujer más inteligente que ellos. O que gane más dinero. Y todos dirán que no…pero la mayoría miente. Y ay del pobre que se sienta orgulloso de tener una mujer diez a su lado, que será objeto de burla de todos sus amigos. Y de alguna amiga, que la envidia es muy mala.

Así que la igualdad consiste en trabajar, estar guapa, ir al gimnasio, darle de comer al gato, buscar marido, fingir que eres un poco tonta para conseguirlo y tener hijos ( que como los hombres no pueden abortar, nosotras tampoco) . No se, a mí me faltan horas del día.

Hablo de lo que veo. No pretendo sentar cátedra ni generalizar en exceso, que todos sabemos que hay casos y casos, y excepciones a patadas, pero, mujeres del mundo, que no nos engañen, que queda mucho por andar. Y no voy a mentir, estoy orgullosa del trabajo hecho y agradecida a mis predecesoras por permitirme ser quién soy. Pero hay días en los que no puedo evitar preguntarme si no habría sido más feliz de mujer florero.

la mujer trabajadora

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No vuelvo a beber, lo juro.

03/2/2014

No vuelvo a beber, lo juro. Últimamente me he dado cuenta, de que la chica que más liga del bar no es ni la más guapa, ni la de la falda más corta, ni la de las tetas más grandes, ni la más simpática. No, no. La que más liga del bar es la más borracha. No falla. Y anoche era yo.

Los buitres me acosaban sin descanso. Me sentía halagada y emocionada con la evolución de la noche. Y mareada. El alcohol es lo que tiene. Tras unas horas de flirteos varios me decidí por un chico muy…Estaba muy bueno. Punto. No tardó ni tres minutos en meterme la lengua hasta la garganta (los guapos siempre tan seguros de sí mismos) y yo no opuse resistencia (las borrachas siempre tan fáciles).Típicos tópicos.

Nos magreamos en el bar como adolescentes hasta que encendieron la luz y apagaron la música. Mis amigas, al fondo del bar, mostraban su aprobación con sus pulgares arriba y algún que otro gesto obsceno. En la puerta me dijo un ¿vamos a tu casa? y yo respondí con un no, vamos a la tuya. Vivo con mis padres”…”YO TAMBIÉN”  Ojiplática me quedé. 36 añitos de bombón en paro y con mamá.

Cuando vas para los 30, piensas que tus noches de portales, parques y baños de discotecas han quedado lejos. Recuerdas con algo de nostalgia las excursiones en coche a los Pinares de Venecia, pero sabes que te gusta hacerlo en una cama de 1,50 con el baño al lado y tu botellita de agua. Pero es que la crisis ha hecho mucho daño, y ahora encontrar a un soltero emancipado en un bar es la nueva aguja en el pajar.

Para un día que me suelto la melena….No pasa nada. Si lo hacías a los 20 puedes hacerlo ahora, Gloria. Vamos a…¿A dónde narices vamos? En invierno. A las 5 de la mañana. Le preguntas si tiene coche, pero el chico es motero. Y tú vas como una moto.

Empezamos a caminar sin rumbo fijo con alguna que otra parada pasional contra la pared. En una de estas veo un portal abierto. ¡Ahí vamos! Subimos las escaleras un par de pisos y rezo porque ningún vecino salga a hacer footing en un acopio de cumplir sus objetivos de año nuevo. En menos de diez minutos estamos en la calle otra vez. Gota de sudor. Yo había regresado a los 20 pero él había regresado a los 15. Más me valdría haberme ido a casa… Caballerosamente me pide mi número y educadamente le doy uno falso. Breve beso de despedida. Recuerdos a tus padres, chaval.

Hoy llevo 3 moraduras en la espalda y una resaca de campeonato. Soy demasiado mayor para follar en las escaleras y beber como si no hubiese un mañana. No vuelvo a beber, lo juro. Con el dinero que me ahorre me voy de casa de mis padres. Aunque sea a un piso compartido.La mas borracha

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Los juernes ya no son lo que eran

02/23/2014

Lo que me sucedió este jueves es lo que sucede a los 30. Ya no se sale con intención de emborracharse como se hace a los de 20 ( o a los 40), pero una cena con buenos amigos y buen vino te lleva a una copa y a veces a más de una.

Todos sabemos que Zaragoza es un pañuelo y cuando vas a tomar una copa con amigos siempre te encuentras con amigos de amigos, y amigos de amigos de amigos….Lo  que un sábado te llevaría a un simple “hola, ¿qué tal?venga, pasadlo bien”, un jueves se complica. Sale poca gente, y  “hola, adiós” se convierte en un “¡qué alegría! ¿qué haces por aquí?”. Y como hay poca gente,  se unen grupos.

¿Y entonces qué pasa? Pues lo que suele suceder. En ese grupo de nuevos amigos de mi amiga, había un buitre. Buitre, al que mi amiga no conocía, pero ella pronto me  comentó que su amigo le había dicho que el buitre le había dicho que yo estaba bien buena. Y sinceramente, ¿a quién no le gusta gustar? Y más si es a un chico totalmente desconocido y sin ningún defecto físico notorio.

Después de intercambiar con él unas palabras  y las mejores de mis sonrisas,  me invitó a una copa. Y yo, no sólo me había tomado ya una, en la cena me había bebido más de media botella de vino…Y claro, si me invitan a una copa yo invito a otra copa (solo si quiero ser conquistada). Y este fue el problemón y ¡no que me quedara sin batería en el móvil para mirar la hora!

La gente se había ido marchando poco a poco pero el  buitre, me dijo que hacía mucho tiempo que no iba a LA ZETA un jueves. Autoengañándome en que aún era pronto, me dejé invitar, esta vez a una cerveza, en LA ZETA.
A media cerveza, cuando el buitre se fue al baño, tuve un momento de lucidez y pregunté la hora al “melenas” que había sentado a nuestro lado.“ Las 6”, contestó y yo pensé “JODER!!!!! ¡En dos horas entro a currar! ¡Me voy a casa!!” . Así que me fui, no sin antes darle mi número de teléfono.

Conclusión, me pegué un viernes de mierda en el trabajo, en el que lo único que quería era comer pasta y dormir. Pero es que el fin de semana ha sido más triste todavía… Son las 22.00 de la noche del domingo. He estado mirando el móvil cada hora (por no decir cada minuto). Y aquí estoy, empezando a pensar que igual le di mal mi número de teléfono. (Autoengaño). ¡Qué desastre!me desplomo

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Puerto Venecia, mi mejor antidepresivo

02/17/2014

Este fin de semana ha sido muy duro. Mucha fiesta, qué digo mucha, ¡demasiada! Y después… domingo. ¡Qué duros son los domingos de resaca de soltera!  Solo me levanto de la cama para ir a la nevera. Ayer fue un día de autodestrucción, de  canciones que hablan de mí y  de películas romanticonas. Intentando soñar que algún día me pasará eso a mí…

Lo peor de estos fines de semana no son los domingos. Son los lunes por la mañana. Lo único que quiero es quedarme en mi cama a revivir la mierda del día anterior. Así que hoy el día no pintaba bien…Pero he recibido un e-mail. ¡Un e-mail de los que me hacen feliz! Ha llegado a tienda mi penúltima (la última fue ayer) compra online a Zara 🙂

En ese momento ha cambiado mi cara por completo; he llamado a mi mejor amiga y nos hemos ido a Puerto Venecia después de trabajar. Allí se me han olvidado todos mis males. Además de recoger mi pedido, he aprovechado para dar los últimos coletazos en las rebajas y comprarme un maravilloso conjunto de lencería fina, a un precio irrisorio tras el odiado San Valentín. Acabo de llegar a casa y me siento completamente feliz. Hemos pasado más de 5 horas en un centro comercial y nos hubiéramos quedado otras cinco.

Y es que Puerto Venecia es una apuesta de éxito asegurado. Es el punto de encuentro de todo el mundo. Adolescentes deambulando de la mano pegándose el lote por las esquinas. Parejas de novios dando paseos en barquita o mirando escaparates (ellas entusiasmadas, ellos con caras largas). Grupos de amigas solteras riendo de tienda en tienda buscando gangas. Jóvenes y no tan jóvenes bebiendo cubos de cervezas a 3 euros. Familias con niños pequeños montados en caballitos de peluche motorizados (¡cómo envidio a estos niños!). Parejas de jubilados que se animan a coger el autobús para pasar el día viendo a la gente deambular. O quizá para comprar sillas plegables rojas en Ikea.

Ilustración de Margaux Motin

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Soltera en San Valentín.

02/9/2014

Ya estamos. Ya es febrero. Lejos quedan ya los propósitos de año nuevo, las buenas intenciones y las esperanzas de que el año nuevo sea mejor que el anterior. Ahora es tiempo de desesperanza y desesperación. Llega San Valentín.

Me da igual que el Valentín ese fuese un santo… yo a este tío le tengo mucha manía. ¡Qué digo manía! Le tengo un odio inmenso, infinito, ilimitado, colosal, exorbitante. Ya sé que el pobre no tiene la culpa de que la sociedad haya convertido su día (y las semanas previas) en un festín rojo y rosa de flores, Cupidos y corazones everywhere, pero alguien tiene que ser la cabeza de turco de mi desgracia.

Y es que San Valentín es la pesadilla de todo soltero. Los escaparates de las tiendas, los anuncios de televisión, los carteles de los bares, las cuñas de radio… todo, absolutamente todo te recuerda que estás solo. Solo. En San Valentín. Otra vez. Rodeado de corazones rosas. Ganas de matar aumentando…

Los días previos a San Valentín son la mejor época para ligar. Esas noches son las mujeres las que se convierten en buitres y atacan a todo lo que se mueve con pasión y sin compasión. Y sin amor propio. Cualquier cosa para que alguien te bese el día de San Valentín. Y los hombres se dejan hacer. Yo lo veo claro: San Valentín lo inventó un hombre que nunca se comía una rosca para poder follar al menos un día al año.

Si tienes pareja el panorama tampoco es mejor. San Valentín es peor que Nochevieja. No sólo tienes que tener un plan obligatoriamente y gastarte una pasta; encima tienes que impresionar a tu pareja. Acabas de dejarte todo tu dinero y talento en el regalo de Navidad… y ahora, ¿qué? Menos mal que aún queda algo de rebajas…

Los hombres no están hechos para recibir regalos, ni las mujeres para hacerlos. Los regalos se inventaron para comprar a las mujeres. El trinomio joyas, flores y bombones ha creado relaciones, salvado matrimonios, conseguido amantes y perdonado infidelidades desde el comienzo de los tiempos. Bueno, quizás los hombres de las cavernas utilizasen mamuts. Pero ya no somos las únicas en recibir regalos, ya no te retiran la silla para que te sientes, ya no puedes salir de casa sin billetera y ya no te sujetan la puerta ni para mirarte el culo cuando pasas delante. Vale, no es un alto precio a pagar por la igualdad de la mujer, pero… jolín, ¡qué difícil es hacerle un regalo a un hombre!

Si llega el día de San Valentín y no tienes pareja estable ni has conseguido una pasajera… sólo puedes hacer una cosa: emborracharte con el resto de tus amigos solteros y reírte de las acarameladas parejitas estúpidas que cayeron en el truco capitalista de los corazones, las flores y el rosa. Mucho mejor caer en el truco de la embriaguez alcohólica, ¡dónde va a parar! ¡Viva los mecanismos de defensa!

Yo, este año voy a hacer eso; que además cae en viernes y no hay excusa para no hacerlo. Y en un futuro con pareja, le regalaré flores y bombones a mi novio, que la igualdad debería ser para todo. Este año San Valentín lo pasaré con mi mejor amante, que nunca me pide regalos, nunca me defrauda y siempre me hace feliz: Mi querido amigo José Cuervo.

San Valentín

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Ser soltera a los 30 es ir de rebajas.

02/3/2014

Ser soltera a los 30 es ir de rebajas. ¡Sï, de rebajas!. Y lo digo porque lo pienso.

“Las rebajas tienen que ser un periodo de compra donde debe prevalecer el consumo responsable, hay que invertir en artículos que van a cubrir una necesidad de verdad y se les saque el provecho adecuado.Y es que un comprador responsable no debe dejarse cegar, sino adquirir lo que necesita realmente y a un precio aceptable”.

Leyendo esto en un periódico online, advertí que son los mismos consejos que me da mi psiquiatra para la búsqueda de pareja. En ese momento reflexioné a fondo sobre el tema: ¿dónde están los principales errores del consumidor? O en mi caso ¿de la soltera que busca pareja?

Los reclamos publicitarios son cada vez más llamativos e “irresistibles”, siempre hay unos zapatos rebajados al 50% que te motivan a ir a la tienda, pero nunca queda tu número. Lo mismo sucede a los 30. Los chicos ya son hombres, y algunos ¡qué hombres!, conocidos popularmente como los amigos gancho. El amigo gancho generalmente es idiota, tiene novia o es gay, vamos, que no te lo puedes llevar a casa pero es eficaz, consigue que te des cuenta de una nueva bandada de buitres.

Frecuentemente en los probadores nos encontramos situaciones incómodas en las que otra la chica coge lo que tú has dejado y le queda ideal. En ese momento la rabia te invade porque, estamos en rebajas y era el último de tu talla. Ya sé que lo he dejado yo, pero…, ¡jolines!, yo lo había visto primero. Existen dos opciones, asumir que no te sentaba bien o luchar por lo que tú has visto primero quitándoselo al primer descuido. La misma situación ocurre en los bares. Hablas con un pequeño buitre durante media hora, la cosa es ni fu ni fa, al final pasas y a los diez minutos lo ves con otra. Es en ese momento cuando te arrepientes…¡ ya no hay marcha atrás! ¿O sí? (Emoticono de cara de diablo).Si no te das por vencida, ahí estas atacando de nuevo, luchando por lo que era tuyo.

Las rebajas empiezan con descuentos  interesantes para los consumidores y pueden acabar incluso en reducciones del 70%, pero amigos, esto a veces no es real, todos hemos oído hablar de la publicidad engañosa. Lo mismo sucede con los chicos, la noche comienza con algún descuento interesante, pero vas esperando a ver si hay algo mejor. Esperando te pueden pasar dos cosas, que te quedes sin o que te lleves el de la reducción del 70%. ¡¡Ay amiga!! A la mañana siguiente te das cuenta que el descuento no era real…. más te vale no haber perdido el ticket (o, en el caso, no haberle dado el teléfono).

Conclusión: “no se trata de comprar por comprar, estén al 50 ó al 70 % de descuento”, ya que no es una época comercial diferente, los productos puestos a la venta deben ser de la misma temporada, con los mismos derechos y obligaciones para los consumidores. Aunque siempre acabamos picando algo… No hay que perder la esperanza. En algún outlet del mundo (o internet) habrá un bonito Louis Vuitton, que no pase de moda, que luzca radiante, que sea bueno y te acompañe para siempre. Para ello hay que buscar y tener paciencia o acabarás con un Zara-Taras.

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Ya no salgo a ligar, salgo a buscar trabajo.

01/26/2014

Llega una edad en la que tus prioridades cambian. Conforme la pregunta #quéestoyhaciendoconmivida se hace más presente, vas cambiando de hábitos sin querer-queriendo.

A los veintitantos sólo hay dos razones para salir por ahí: pillarte un ciego del quince o ligar. A no ser que tengas pareja. Entonces sales para: pillarte un ciego del quince… y ligar. Pero hacia la treintena los excesos de alcohol conllevan insoportables resacas de tres días. La experiencia me ha enseñado que nadie ha conocido al hombre de su vida en un bar desde que los guateques se convirtieron en fiestas, así que salgo principalmente para lucir modelito y tacón de agujaSin embargo, hay cosas que nunca cambiaran: ¡los hombres!.  A sus 30, 40, 50, 60… siguen saliendo para emborracharse y pillar cacho.

Por lo que quieras o no, la manada de buitres está siempre al acecho. Y a los veintitantos no tienes ningún reparo en mandar a uno por uno a tomar viento, pero a los 30… aguantas lo que te echen “porque nunca se sabe”. Lo que sí cambian son las formas. El ¿quieres-rollo-con-mi-amiga? pasa por el ¿qué-hace-una-chica-como-tú-en-un-lugar-cómo-este? hasta evolucionar al sofisticado ¿estudias-o-trabajas?, que en los tiempos que corren se ha transformado en ¿estudias-o-buscas-trabajo?. Y es que últimamente parece que el trabajo es el único tema de conversación: o no lo tienes o lo odias. Y como somos quejicas por naturaleza acabas contándole tus frustraciones y sueños laborales a cualquiera.

A lo largo de la noche encuentras a uno que trabaja en tu sector, o que tiene un amigo en recursos humanos que puede enchufarte, o que su padre tiene una empresa que está buscando a alguien con tu perfil… Le mandas tu currículo ipso facto por e-mail, le invitas a una copa, flirteas educadamente y no dejas de sonreír hasta que llegas a casa. Y te pasas la semana pegada al móvil cual colegiala enamorada esperando una entrevista de trabajo.

El viernes te llega un Whatsapp de remitente desconocido y te pones roja de repente, das un salto de alegría, pegas un gritito de emoción, sonríes de oreja a oreja y cuando ya tienes el outfit de trabajo preparado en tu cabeza empiezas a leer: “ola wapa,qtal.estao pensando n ti to la semna. T ac 1birra?” Sospechas, pero contestas: “hola, qué tal? Vale, podemos tomar algo. Oye, sabes algo del trabajo que me dijiste? bss”  Tras un lapso de tiempo interminable recibes un: “si qiers ablamos del tema n mi casa, wapetona.” » Borrar mensaje. Bloquear contacto. Eliminar de la lista.

Parece ser que tampoco puedes encontrar el trabajo de tu vida en un bar. Llamadme romántica, pero yo no pierdo la ilusión. Estoy convencida de que algún día conoceré a alguien. Alguien que me hará una entrevista de trabajo y me ofrecerá un contrato indefinido con un sueldo superior a 600 euros. Así que voy a seguir hablando con todo el que se acerque. Porque nunca se sabe… Aunque la semana que viene a lo mejor salgo por la zona gay.

Estudias o trabajas

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Los amigos de siempre.

01/19/2014

Sin comerlo ni beberlo ha pasado más de medio mes desde que comenzó el año. Y las aventuras que me van sucediendo se acumulan para contarlas en un simple post de cuatro párrafos.
Sin embargo, el post de hoy lo quiero dedicar a los amigos de siempre. Y es que este fin de semana uno de mis amigos de siempre ha cumplido 30 años.

Uno de mis amigos pacto, es decir, amigo con el que hice un pacto a los 16 años que decía que si a los 30 estábamos solteros nos casábamos. ¡¡¡Madre mía!!! Esa edad ha llegado en un abrir y cerrar de ojos.

Y no, no me voy a casar con él. Por fortuna, él goza de una vida en pareja envidiable: hace 7 años encontró una chica maravillosa con la que sigue compartiendo su proyecto de vida. No se han casado, pero han firmado una hipoteca, y eso hoy en día implica más compromiso que cualquier bodorrio.
La amistad con los que denomino amigos de siempre surgió en el instituto y se consolidaba año tras año a través de viajes, aventuras, anécdotas, horas de biblioteca y en más de una borrachera. El grupo inicial de los amigos de siempre en 15 años se ha ido multiplicando y ahora forman parte de él los novios y novias. Y es que a esta edad todos tienen pareja consolidada (en muchos casos ya marido o mujer), todos tienen un trabajo estable, todos tienen un sueldo digno, todos se han independizado, todos…, todos…,¡¡¡todos menos yo!!! Inconscientemente esta situación ha generado mi grupo de amigos solteros con los que compartir viajes, anécdotas y borracheras ¡como hacía con los amigos de siempre a los 16 años! Y es que, sinceramente, ningún grupo de amigos solteros son amistades que tengan más de 10 años de antigüedad.

Cuando los amigos de siempre queremos quedar se generan interminables cadenas de emails para ponernos de acuerdo en un día, las contestaciones de los emails han pasado, casi sin darme cuenta, de la primera persona del singular a la primera del plural.“Nosotros vamos”, “Nosotros no podemos”, “Nosotros…”. Se confirma que nos hemos hecho mayores cuando en la mesa nos sentamos por género, es decir, los chicos con los chicos y las chicas con las chicas. Las conversaciones ya no son de estudios, profesores, borracheras, culos, tetas, penes, sexo… ahora son de trabajo, salarios, de pisos, hipotecas, cortinas, decoración, embarazos, niños, colegios, carritos de bebe, cocina rápida y sana, supermercados baratos, vinos caros… Después de la cena ya no vamos a pillar litros de calimotxo, ahora vamos a degustar un maravilloso combinado en un lugar tranquilo donde se pueda hablar. Y después del cóctel a casa, que los domingos son días de cocinar para la semana, hacer limpieza general del hogar e ir a comer a casa de los suegros… o eso me dicen. Es en ese momento en el que hago la llamada del ahorro y me voy con mi grupo de amigos de solteros a beber gin-tonics al Jane-Birkin hasta que lo cierren, porque mi única obligación de domingo es escribir un post a las 10 de la noche.

Cumplir 30 años en el 2014 es lo que realmente me ha inspirado a escribir este blog, ¡por eso hoy quería dedicar esta entrada al primer amigo en hacer los 30 este año!

Cena con amigos

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