Hablando de Bartolo

by Gloria García on 11/30/2014

Como ya os conté en el primer post de vuelta de las vacaciones, tuve una larga, larga desconexión mi vida rutinaria. Aprovechando que se me rompió el ordenador, que me quedé sin contrato temporalmente y que estoy hasta las narices de estar en casa de mis padres, decidí irme al pueblo. Nada más llegar allí con mi maleta llena de vestiditos de verano, me di cuenta de que iba a pasar frío… Y así fue. A los pocos días de llegar estaba con un “pasmo” que no paraba de moquear. Pasado este periodo de adaptación, el buen tiempo llegó poco a poco y yo salía más y más. Y es que la vida en el pueblo es maravillosa. Levantarme, hacer un poco de jogging por los caminos rurales, después cafecico, vermuteo y a comer. Todo esto con personas encantadoras, que nos conocemos de toda la vida y con un cariño que no puedes encontrar en una gran ciudad. Salgas a la hora que salgas de casa, siempre hay alguien con el que compartir una café y un millón de anécdotas y chascarrillos.

Ya había pasado un mes y medio, y me apetecía empezar a “alternar” más allá de la comarca. Así que convencí a a tres de mis amigas para irnos al apartamento de la playa de los padres de una de ellas. El viaje iba a ser fugaz, pero pintaba muy prometedor, playa, sol, copas, chicos,…

El viernes a primera hora de la tarde nos montamos en mi coche (60 cv) y nos pusimos de camino. Tras cinco horas de carretera (y eso que no nos perdimos), llegamos al destino. Por supuesto se nos habían pasado todas las “ganas locas de salir”, así que optamos por comprar una pizza y ver una película de amor romanticona y planear el día siguiente. No sé porqué tenemos la extraña costumbre de planear y planear, para luego no hacer nada de lo planeado (emoticono de gota de sudor).

El sábado fue genial, salvo porque llovió (otra gota de sudor). La lluvia truncó nuestros planes de playa, pero nos dió la oportunidad de hacer turismo rural y conocer a un grupito de tres chicos madrileños monísimos… (un poco jovencitos, pero… bahhh…). Por la noche quedamos con ellos y lo pasamos “teta”;risas, copas, bailes, etc… (etc.= no es de mi historia, y no me han dado permiso para contarlo, jijijiiji, pero échenle imaginación).

El domingo…, fue ¡¡¡¡horrible!!!!! Me levanté la primera de todas, la casa estaba hecha una pocilga, hacía una mañana horrible y no había nada para desayunar. Decidí ducharme para quitarme el olor a alcohol y tabaco y bajar a comprar algo consistente, porque si yo estaba mal ¿cómo estarían las otras?. Cuando llegué ya habían amanecido…y bueno ya se sabe, “noches de desenfreno, mañanas de ibuprofeno” Teníamos que volver al pueblo. Yo no me quería ir sin darme un bañito aunque hiciera frio. Así que me fui a la playa y quedé con estas en la piscina del apartamento. El tiempo se nos había echado encima, y decidí conducir con el bikini húmedo hasta casa, total ya se secaría por el camino…

¡Por fin! ¡¡¡En casa!!! ¡Qué bien!Pensaréis, vaya mierda de post…, y es que esto solo ha sido el principio. ¿Os ha llamado algo la atención? ¿Habéis leído algo raro? ¿Algo que no haya hecho nunca nadie antes?

Todo tiene consecuencias…,

Pasados dos días, me levanté con un leve dolor en la ingle. No le di mayor importancia, pensé que habría sido algún mal gesto corriendo, un traspiés… Pensé que lo mejor sería aplicar calor en la zona y en un par de días como nueva. Pero lejos de mejorar, el dolor iba a más y más y más. Hasta tal punto de no poder andar. Estaba preocupada, pero me miraba y no me veía nada extraño. Hasta que me exploré un poco “más a fondo” y note un bulto. Me asuste muchísimo. Y sin decir nada a nadie cogí el coche y me bajé a urgencias del Servet. Es horrible ir al médico, lo odio, y todavía me gusta menos, si el tema está relacionado con algo ginecológico. Los médicos ya se lo saben todo y les parecerá una consulta chorra más, pero ¡por favor, un poco de empatía con el paciente! Entrar en la sala después de dos horas de espera, llorando a moco tendido (no sé si del dolor o del susto), decirle al doctor “me duele el chichi”, el mal rato de la exploración y que te digan: “tiene un bartolino… (ojos de plato),…tome este antibiótico y si en tres días va a más vuelva al maternal para hacer un drenaje” (ojos plato más grandes con ojos lágrimas a chorro) Y nada más. No te dicen nada más. En mi vida, jamás, en toda mi vida había oído hablar eso. Salí de la consulta más blanca que el papel y ese fue el momento “MAMIIIIII”. Y mamí dejó todo lo que estaba haciendo y vino conmigo.

¿Bartolinitis?, ¿glándulas de bartolino?, ¿Por qué un nombre tan ridículo como el de bartolino? y ¿Por qué a mí?. (más emoticonos de llorar, tres filas de emoticonos llorando). Lo peor que puede hacer una persona recién diagnosticada es buscar en la red. Sobre todo si buscas imágenes. Y por supuesto eso fue lo que hice. ¡¡Qué susto!!, ¡¡qué horror!!, (muchos más emoticonos llorando, una página llena). Pero la verdad que el susto se me pasó rápido, fue empezar a contar a la gente lo que me había pasado, y empezar a salir bartolinos como setas. Es una cosa muy muy frecuente, pero está claro que el silencio de las hemorroides no es comparable al silencio sepulcral de los bartolinos. La gente no lo cuenta porque le da vergüenza. Por un lado lo entiendo, pero por otro me fastidia. Estas cosas te las tienen que contar y estar preparado por si te toca. Fueron tres días de dolor, pero de “dolor-dolor”, un dolor como nunca antes había tenido. Estaba claro que la cosa no iba a menos y bajé al maternal como me había indicado el doctor.

Si urgencias del Servet me gusta poco, lo de hospital maternal de Zaragoza ya es de traca. ¡Madre de dios!, ¿cómo puede estar un hospital en esas condiciones?. ¡¡¡Horrible!!! ¡¡¡Horrible!!! Se cae a cachos y con aspecto de sucio. No tenía ducha en la habitación, el grifo estaba roto y poquísimo personal para el gran volumen de pacientes. La operación fue sin problemas. Y “muerto el perro se acabó la rabia”, todos los dolores desaparecieron.

La vuelta al pueblo fue muy divertida, todo la gente me preguntaba “¿Qué tal vas de lo tuyo?” y contestaba “muy bien, gracias”.

Ahhh…, y todo esto ¡¡¡por conducir con el bikini!!!

bartolino

Don't be shellfish... Share on Facebook81Pin on Pinterest0Tweet about this on TwitterShare on Google+0Share on Tumblr0Share on LinkedIn0

There is 1 comment in this article:

  1. 11/30/2014Elnoziya says:

    Es una cosa muy muy frecuente, pero está claro que el silencio de las hemorroides no es comparable al silencio sepulcral de los bartolinos.

    Épico!

Write a comment: