Los juernes ya no son lo que eran

by Gloria García on 02/23/2014

Lo que me sucedió este jueves es lo que sucede a los 30. Ya no se sale con intención de emborracharse como se hace a los de 20 ( o a los 40), pero una cena con buenos amigos y buen vino te lleva a una copa y a veces a más de una.

Todos sabemos que Zaragoza es un pañuelo y cuando vas a tomar una copa con amigos siempre te encuentras con amigos de amigos, y amigos de amigos de amigos….Lo  que un sábado te llevaría a un simple “hola, ¿qué tal?venga, pasadlo bien”, un jueves se complica. Sale poca gente, y  “hola, adiós” se convierte en un “¡qué alegría! ¿qué haces por aquí?”. Y como hay poca gente,  se unen grupos.

¿Y entonces qué pasa? Pues lo que suele suceder. En ese grupo de nuevos amigos de mi amiga, había un buitre. Buitre, al que mi amiga no conocía, pero ella pronto me  comentó que su amigo le había dicho que el buitre le había dicho que yo estaba bien buena. Y sinceramente, ¿a quién no le gusta gustar? Y más si es a un chico totalmente desconocido y sin ningún defecto físico notorio.

Después de intercambiar con él unas palabras  y las mejores de mis sonrisas,  me invitó a una copa. Y yo, no sólo me había tomado ya una, en la cena me había bebido más de media botella de vino…Y claro, si me invitan a una copa yo invito a otra copa (solo si quiero ser conquistada). Y este fue el problemón y ¡no que me quedara sin batería en el móvil para mirar la hora!

La gente se había ido marchando poco a poco pero el  buitre, me dijo que hacía mucho tiempo que no iba a LA ZETA un jueves. Autoengañándome en que aún era pronto, me dejé invitar, esta vez a una cerveza, en LA ZETA.
A media cerveza, cuando el buitre se fue al baño, tuve un momento de lucidez y pregunté la hora al “melenas” que había sentado a nuestro lado.“ Las 6”, contestó y yo pensé “JODER!!!!! ¡En dos horas entro a currar! ¡Me voy a casa!!” . Así que me fui, no sin antes darle mi número de teléfono.

Conclusión, me pegué un viernes de mierda en el trabajo, en el que lo único que quería era comer pasta y dormir. Pero es que el fin de semana ha sido más triste todavía… Son las 22.00 de la noche del domingo. He estado mirando el móvil cada hora (por no decir cada minuto). Y aquí estoy, empezando a pensar que igual le di mal mi número de teléfono. (Autoengaño). ¡Qué desastre!me desplomo

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